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$925
$1.081
$39.643
$69.542
El dólar opera en un estrecho rango de $925 en medio de una calma precaria, mientras la incertidumbre política derivada de las propuestas para los primeros 100 días de gobierno tensiona las expectativas de inversión y política fiscal. Los planes de los candidatos presidenciales delinean dos caminos macroeconómicos radicalmente opuestos: un estímulo fiscal de alto costo o un ajuste estructural profundo, cuyos efectos se transmitirán directamente al valor del peso, la inflación y la UF.
La coyuntura del 16 de noviembre presenta una aparente estabilidad en los indicadores clave, con el dólar observado en $925 y la Unidad de Ficha en $39.643. Sin embargo, esta tranquilad en el mercado cambiario enmascara la profunda divergencia programática que los candidatos presidenciales han puesto sobre la mesa. El período inicial de un gobierno constituye una señal fundamental para los agentes económicos, definiendo el horizonte de la política tributaria, el gasto público y la regulación. El riesgo país y la prima de inflación implícita en la UF se encuentran, en este preciso instante, a la espera de ese clarificador.
- El Dato: La paridad USD/CLP se mantiene en $925 y la UF en $39.643, mostrando resiliencia frente a la incertidumbre electoral.
- Por qué importa: Esta estabilidad relativa sugiere que los mercados han internalizado el riesgo político, pero es frágil. Cualquier señal clara sobre la dirección fiscal (expansión o ajuste) gatillará un repricing inmediato de activos y presiones sobre el tipo de cambio.
- Lo que viene: Expectativa de alta volatilidad post-elección. Un programa expansionista sin ancla fiscal clara podría depreciar el peso y presionar al alza la UF vía expectativas inflacionarias, forzando una respuesta más contractiva del Banco Central de Chile.
La Disyuntiva Fiscal: Entre el Estímulo y el Ajuste Estructural
El núcleo del debate se sitúa en la sostenibilidad de las finanzas públicas. Por un lado, las propuestas de Jeannette Jara y Franco Parisi se inscriben en una lógica de estímulo de la demanda agregada mediante transferencias y subsidios, como el Ingreso Vital Progresivo y la devolución del IVA. Este enfoque, aunque potencialmente paliativo en el corto plazo para el consumo de los hogares, expande el gasto permanente sin una contrapartida de ingresos clara, elevando el riesgo de un deterioro en la calificación crediticia del soberano. Por otro lado, los programas de José Antonio Kast, Johannes Kaiser y Evelyn Matthei priorizan un ajuste fiscal agresivo, con recortes que oscilan entre US$5.000 y US$8.000 millones. Este camino busca crear espacio fiscal para reducciones tributarias, apuntando a un shock de oferta vía mayor inversión privada. La viabilidad de estos recortes, sin afectar el crecimiento o la provisión de servicios públicos, constituye su principal desafío.
"La brecha entre ambas visiones no es meramente política, es técnica. Un programa basado en transferencias sin ancla fiscal creíble alimenta el desequilibrio macroeconómico, mientras que un ajuste demasiado abrupto puede contraer la demanda interna más allá de lo tolerable. El próximo gobierno deberá navegar este trilema: equilibrio fiscal, crecimiento y cohesión social."
El Canal de Transmisión Hacia los Mercados: Divisas, Tasas y Valor de la UF
La materialización de cualquiera de estos escenarios activará canales de transmisión predecibles. Un gasto social financiado con mayor deuda o presión tributaria sobre el capital, como sugieren ciertas propuestas, generaría fuga de capitales y depreciación del peso. El Banco Central se vería compelido a mantener una política monetaria restrictiva por más tiempo, sosteniendo tasas de interés altas que, paradójicamente, podrían enfriar la inversión que otros candidatos buscan reactivar. En contraste, un ajuste fiscal creíble y reformas pro-inversión, como la "permisología cero" de Kaiser o la ventanilla única de Matthei, podrían atraer flujos de capital extranjero, fortaleciendo el tipo de cambio y dando margen al IPC para converger hacia el rango meta. La UF, como unidad indexada a la inflación pasada, es el termómetro final de este proceso. Su trayectoria hacia fin de año dependerá críticamente de cuánto crean los mercados en la capacidad del próximo mandatario para controlar el déficit y anclar las expectativas de precios. La pregunta para los agentes económicos ya no es cuál candidato ganará, sino si el plan económico del ganador sobrevivirá al primer trimestre de gobierno sin generar desajustes macroeconómicos severos.