Mercado al 17 de noviembre de 2025
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$932
$1.066
$39.643
$69.542
El recuento final de las urnas del Distrito 12, el 17 de noviembre de 2025, no solo definió siete escaños. Siete banderines de salida para un dólar que rompió los $930 y una incertidumbre que se instala como el nuevo riesgo paÃs para los mercados locales.
Los números del cierre del miércoles son elocuentes y no piden permiso. El dólar observado se disparó a $932, el euro cerró en $1.066 y la UF mantuvo su firmeza en $39.643. Estas no son cifras aisladas. Son la respuesta frÃa del mercado a un panorama polÃtico que, lejos de aclararse, profundizó su fragmentación. Mientras los analistas disertaban, la paridad cambiaria ya habÃa dictado sentencia.
El resultado electoral del D12, con más del 99% de las mesas escrutadas, es un mapa a escala de la próxima legislatura. Un Congreso donde convivirán el arrastre de Pamela Jiles, la fortaleza republicana de Carter y Santelices, y la permanencia de Gazmuri, Ossandón y Serrano. Este mosaico no es representatividad abstracta. Es la hoja de ruta para la volatilidad.
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Los votos del D12 ya tienen precio en el mercado de divisas
La conexión entre una urna en Maipú o Puente Alto y el precio de la divisa en la cuenta corriente de un importador en el centro de Santiago es más directa de lo que se cree. La dispersión de poder legislativo implica que cada iniciativa relevante para la economÃa – desde la Ley de Presupuestos hasta modificaciones al código tributario – deberá negociarse puerta a puerta.
Esto no es democracia, es logÃstica. Y los mercados detestan la logÃstica incierta. Cada dÃa de debate sin avance es un dÃa donde el capital internacional reevalúa su exposición al activo “Chileâ€. La reforma previsional, pendiente; la discusión sobre el royalty minero, en veremos; la actualización de la Ley de Concesiones, en standby. Este estancamiento legislativo tiene un costo que se mide en puntos base en los credit default swaps y, finalmente, en pesos chilenos por dólar.
La fragmentación polÃtica se traduce en incertidumbre regulatoria. Y la incertidumbre regulatoria es el insumo principal para la especulación cambiaria. Los grandes fondos no apuestan contra el peso por capricho. Lo hacen porque el “premio†por asumir el riesgo de un paÃs con un Congreso ingobernable debe ser mayor.
“Un Parlamento dividido es el mejor aliado para un dólar fuerte. El mercado está descontando que la gobernabilidad será la primera vÃctima polÃtica del D12, y eso tiene un valor preciso en la paridad.â€
La UF como refugio y el dólar como termómetro de la ingobernabilidad
Mientras el dólar exhibe la nerviosidad del cortoplacismo, la Unidad de Fomento (UF) mantiene su trayectoria ascendente, anclada a la inflación pasada. Esta divergencia es clave. Los ahorrantes y deudores hipotecarios buscan refugio en un Ãndice que, aunque costoso, ofrece predictibilidad. El mercado cambiario, en cambio, opera con la información del futuro.
El desafÃo para el Banco Central de Chile se multiplica. Su objetivo de llevar la inflación a la meta del 3% podrÃa chocar con un tipo de cambio persistentemente alto, que encarece las importaciones y presiona los precios internos. Un Congreso fragmentado limita también la capacidad fiscal para aplicar polÃticas contracÃclicas efectivas, dejando toda la carga sobre la polÃtica monetaria.
El mensaje final del 17 de noviembre es crudo. La economÃa chilena ingresó a un ciclo donde el factor polÃtico domina la hoja de cálculo. Los $932 del dólar no son un techo, son una advertencia. La pregunta que queda flotando en el mercado es cuánto más deberá depreciarse el peso para pagar el precio de la fragmentación.